uno sabe que ha llegado a un punto de inflexión cuando se da cuenta de que, independientemente de lo llena que tenga su agenda, o de lo humano que parezca el día, está permanentemente en estado de subspace. eso es lo que le ha pasado al objeto hoy. desde las nueve de la mañana hasta las seis y media de la tarde, el objeto ha estado en una jornadas como oyente y durante todo el tiempo ha estado en un profundo estado de subspace, pensando en mi Señor y adorándolo internamente. es curioso que, intelectualmente, estuviera pendiente, pero psicológica y existencialmente estaba encadenado, amordazado y bajo las botas de mi Señor. es casi la misma sensación, salvando las diferencias, por supuesto. no es lo mismo tener las botas de mi Señor sobre ti que sentir como si las tuvieras, pero como ha dicho mi Señor hoy "Ese es mi máximo deseo, que descanses", haciendo referencia al viaje de ayer y al día tan intenso de hoy. mi Señor cuida y protege al objeto, al tiempo que lo entrena, controla y somete, evitando que se desvíe de su camino. ese equlibrio, tan duro de conseguir, es una de las cosas que más admira el objeto de mi Señor. puede hacerlo con una palabra, con una expresión, con un gesto. ¡cómo  no va a adorar el objeto a mi Señor!

sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.