la noche anterior había sido una locura. la fiesta se había desmadrado un poco pero nada raro en un bar leather con el mayor cuarto oscuro del país. afortunadamente había podido dormir ocho horas pero ahora tenía que ir a preparar el local para la noche. después de limpiar y arreglar el bar se metió en el cuarto oscuro. las cabinas, la zona de los slings, los glory holes. entonces fue cuando oyó algo, una especie de gemido seguido de un tintineo. con cuidado fue hacía allí y no pudo creer lo que vio: un esclavo estaba atado boca abajo a un potro, las manos fuertemente tensadas atadas a las patas delanteras y las piernas a las traseras. una mordaza inmensa llenaba su boca y no le permitía emitir más que gruñidos que se mitigaban con las paredes acolchadas. se volvió con una mirada suplicante. estimó que debía haber llevado allí cerca de doce horas y no entendía como no lo había visto al cerrar el bar. estaba sudando y sus mejillas estaban cubiertas de lágrimas. la postura dejaba su culo expuesto y al descubierto, justo a su altura. le invadió un deseo irrefrenable de follárselo, de poseerlo y comenzó a desabrocharse el cinturón. el esclavo comenzó a gemir mientras agitaba las cadenas intentando evitar lo inevitable.