el objeto no sabe los motivos, ni debe saberlos, no es su objetivo o función saberlo, pero el Amo hoy lo puso a prueba y le dijo que quería que fuera a pasear amordazado debajo de una mascarilla quirúrgica de las llevadas durante el covid. las instrucciones eran muy concretas: amordazado con cinta, bajo una mascarillas y las botas. el objeto tenía que grabar un vídeo y enviarlo. cuando se hizo la hora en que el objeto suele ir a dar un paseo para despejarse del día de estudio y por supuesto hizo lo que mi Señor había ordenado. lo importante no fue el vídeo sino hacer lo que hacer lo que había ordenado mi Señor produjo en el objeto. fue una especie de sobrecogimiento, algo más profundo que lo meramente emocional, la certeza de que la obediencia emocional, la certeza de que la obediencia iba estar siempre ahí. da igual lo arriesgado que sea o lo incomprensible de la orden. esto no está aquí para entender o comprender sino para obedecer a mi Amo y Señor.

parece mentira que haya pasado ya una semana o solo una semana, según se vea. lo que si es cierto es que la experiencia del viernes pasado ha marcado profundamente al objeto y lo sigue haciendo y mucho. cada día más porque va profundizando y perforando al objeto como un taladro que no deja de trabajar aunque el objeto no sea consciente de ello y no sea evidente. ser una propiedad es algo muy potente que está en la existencia del objeto, ser propiedad de alguien, una nueva propiedad de mi Señor, como sus botas.

sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.