entró en el restaurante con las botas por fuera del pantalón, unas brillantes botas de goma, pero no eran de agua. eran botas de montar. inmediatamente dejó su copa. no podía desviar la mirada de allí. le siguió por todo el pasillo y Él se dio cuenta, tanto que cuando pasó a su lado levantó su cabeza y se encontró su mirada. literalmente lo taladró, hizo que tuviera la mayor erección de su vida casi de forma inmediata. todo desapareció, salvo Él, que hizo como un amago de sonrisa. entonces se dirigió al baño y antes de entrar se volvió para mirarlo. como hipnotizado se levantó de la mesa y sin importarle nada los otros comensales del restaurante, lo siguió. al cruzar la puerta de los aseos lo encontró allí, con una pierna apoyada en la pared, como esperando. lo miró y señaló con un dedo delante suya. él se aproximó y, sin poder apartar la vista, se arrodilló ante sus botas. sin sabe de donde, se sacó un collar y una correa que le puso al cuello. de un tirón lo puso de pie y lo llevó a una puerta trasera del local. no sabía a donde lo llevaba. tampoco le importaba. sólo sabía que no podía dejar de seguirlo.