la mayor indefensión que puede sentir un esclavo es cuando solo puede mirar y comunicarse con la mirada. la boca está tapada y la camisa de fuerza no le deja ni gesticular. solo queda la mirada. el Amo, un buen Amo, sabe interpretarla para dejar precisamente al esclavo más aislado aún. puede ser una experiencia profundamente frustrante y humillante, justo lo que el esclavo necesita.