un buen esclavo natural nunca, bajo ninguna circunstancia, debería levanta la vista de las botas de su Amo salvo que Este se lo ordene. no es una mera cuestión de etiqueta, de protocolo, sino una forma de humildad, de obediencia y de sumisión. las botas hay que adorarlas, venerarlas, cuidarlas y besarlas, lustrarlas, y son el referente de un esclavo, el faro hacia el que debe dirigirse siempre.
