las cadenas le permitían cierto movimiento, hacer determinadas cosas pero por mucho que lo intentó, no había forma de quitarse esa mordaza. el candado lo impedía, manteniéndola fuertemente metida en su boca. le costaba tragar, le costaba respirar. se sentía casi violado con aquello metido en su boca hasta la garganta a punto siempre de provocarle un reflejo, de provocarle náuseas. sabía que si vomitaba podría ahogarse así que estaba en peligro. lo intentó de nuevo pero solo escuchó el tintineo de las cadenas. no quería darse por vencido pero tendría que hacerlo.