así debió ser desde siempre. así debió ser desde el principio. el objeto siempre debió estar en un entorno disciplinado, estructurado, jerarquizado. así lo recuerda desde pequeño: las modificaciones le alteraban, su cuerpo reaccionaba muy bien a los hábitos y los ritmos estable: misma hora de levantarse, mismo horario día a día, etc. aquello se perdió en algún momento, pero siempre volvía a aparecer, hasta que mi Señor restituyó esa disciplina y la convirtió en el centro de su dominación hacia el objeto. ahora esto ya no puede existir de otra manera. las normas son claras: despertarse a las cinco de la mañana, sea cual sea el estado anímico del objeto, estar en silencio el mayor tiempo posible, siempre si no hay nada que decir, llevar las cadenas también el mayor tiempo que se puede, la jaula de castidad siempre y el microcontrol. mi Amo debe saber todo lo que hace, siente y piensa el objeto en todo momento. es como cuando va a visitar a mi Señor. vive encerrado y necesita Su Permiso hasta para ir al baño. como cuando Él lo decide, duerme cuando Él lo ordena y Él controla cada segundo de su existencia. la distancia tal vez hace esto más difícil pero no imposible, y por supuesto no es excusa para no intentarlo. y los efectos se han empezado a sentir hoy mismo.
mi Señor, de manera excepcional, porque ya no va a ser de otro modo, permitió al objeto ir a comer con unas antiguas compañeras de trabajo con las que quedaba a veces. resulta que una había reservado en un sitio y al llegar el objeto se encontró con que, en otra mesa, estaban algunas compañeras de los tres que habían sido especialmente agresivas y críticas con el objeto. lo habían difamado e intentado hacerle la vida imposible. fueron causa de muchos sufrimientos en aquella época porque convertían todos los problemas laborales en cuestiones personales. esto terminó hace tres años. podría haberlas ignorado pero las saludamos y fue el objeto muy educado. lo sorprendente fue que ellas no fueron capaces de mirar a al cara al objeto y este no sintió absolutamente nada: ni ira, ni rencor, ni dolor, ni sufrimiento. fue como estar ante unos desconocidos irrelevantes. ellas tuvieron que irse a trabajar en nuestro antiguo trabajo mientras nosotros nos quedamos tomando café porque hemos avanzado y progresado. fue una experiencia impactante y fue obra de mi Señor. lo "normal", lo "humano" hubiera sido soltar alguna ironía, hacerles sentir mal, vengarse. pero nada de eso pasó por la mente del objeto. sencillamente no merecían la pena, no existían para el objeto, eran pasado irrelevante a pesar de estar allí delante suya. la ataraxia estaba presente, era una realidad, porque cuando se fueron, después de ser saludadas, ni siquiera el objeto se sintió feliz por no haber sentido nada.
sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.