en el bdsm nos hundimos en las profundidades, en todos los sentidos. bajamos en nuestro interior a nuestros deseos más profundos, y nos enfrentamos a nuestros demonios, a aquello que está más enterrado en nuestro interior. nuestros cuerpos son puestos al límite con las prácticas más radicales. nuestros espíritus son moldeados y tensados con la obediencia y la sumisión, pero también retan las normas sociales con la Dominación y la Posesión de los Amos. y arquitectónicamente, casi como un reflejo de ese hecho, nos encantan los sótanos, los callejones y los lugares donde la luz apenas puede entrar. bajamos a las profundidades pero es que allí justo es donde está lo auténtico y el bdsm te invita a eso, a la autenticidad. cualquier otra cosa nos parece insuficiente.