el dolor es uno de los caminos hacia la sumisión. el otro es la humillación y un tercero es la obediencia. en los tres el sujeto se ve obligado a ponerse frente al ego, esa imagen y construcción de sí mismo, que se ha construido durante toda su vida a base de lo que le han dicho que es o que debe ser pero no es él. en la mayoría de las personas el ego es indistinguible de lo que realmente es uno, porque el ego sustituye a la naturaleza. el primer paso es ser consciente de esa dualidad y de que no se identifican. una cosa es el ego y otra eres tú, una cosa la imagen de lo que eres y tu auténtica persona. al ego no le gusta ni el dolor, ni las humillaciones, ni la obediencia y no les gusta porque las tres te sacan de tu zona de confort y te ponen en una posición que la sociedad no acepta y, por tanto, el ego no puede seguirte allí. cuando recibes un latigazo, lames unas botas o realizas algo que no te apetece, estás infringiendo el modelo de tío triunfador, exitoso, que disfruta de los placeres. mientras estás ahí, triunfando, gozando del placer y autocomplaciéndote, el ego está en su salsa. te hace creer que eres algo, que eres alguien. y realmente lo eres pero no porque el ego te lo diga o haga que te lo crees. el bdsm, para los inferiores al menos, es una lucha constante contra el ego, para descubrir, primero tu propia y auténtica naturaleza y para vivir acorde con ella.