por la mañana el objeto tuvo que ser muy, muy humano, o al menos hacerse pasar por uno de ellos. el motivo fue que en el trabajo le dijeron que participara en una reunión de muy alto nivel, en teoría como experto. el objeto fue y participó, pero curiosamente el ego ni se presentó, ni se asomó siquiera. este objeto fue humilde y sincero, tranquilo y calmado, colaborador y nada prepotente. de hecho ni siquiera se sintió afortunado de que le invitaran sino que lo tomó como algo natural. hace años nada de esto hubiera sido así. el objeto se habría hinchado como un pavo real y habría presumido delante de todo el mundo de que le habían llamado para esa reunión. aquí se nota la mano de mi Señor, su trabajo y esfuerzo, su dedicación y su entrenamiento al objeto. Él ha hecho al objeto como es hoy y el objeto ya no puede ser de otra manera.

sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.