privar a un inferior de sus sentidos es privarlo de la posibilidad de reaccionar, y por tanto, es aislarlo del mundo que le rodea. la existencia humana se basa en la interacción con ese mundo. privarte de él es como aislarte, enclaustrarte, alejarte de lo cotidiano y, por tanto, encerrarte en otro mundo diferente. la principal consecuencia de esto es una profunda sensación de indefensión. es algo natural, visceral. así no puedes afrontar ningún peligro, ningún contratiempo o contrariedad. estás completamente indefenso. incluso es indiferente si tienes las manos atadas o no, porque tu primera reacción si no las tuvieras, es quitarte la venda de los ojos para ver lo que te rodea y poder hacer una valoración de donde estás, qué peligros pueden acecharte o como salir de la situación en la que te encuentras. la mordaza no hace sino complicar la situación. no puedes pedir auxilio, no puedes responder, no puedes intentar razonar. estás completamente aislado, a tu suerte, dependiente de quien te ha puesto allí. has perdido el control sobre ti mismo.