el Amo era implacable con los castigos porque el esclavo lo necesitaba. hoy era más merecido que nunca. no había obedecido. lo llevó a la mazmorra y le colgó de los brazos a las espaldas lo que le obligaba a doblar el cuerpo hacia delante. apenas tocaba el suelo con la punta de los pies y le había amordazado con un bocado así que su saliva caía sin parar en todo momento.