es difícil que algo quede fuera del control del capitalismo. incluso los imaginarios bdsm, aunque censurados por el mainstream, se convierten en reclamos, por ejemplo, para una ginebra llamada Tom of Finland. pocos recuerdan cómo tuvo que ocultarse y usar casi imprentas clandestina para dar a conocer sus dibujos, o como se intercambiaban en circuitos underground. ahora se considera arte, a pesar de que a los lederones se nos siga tratando en algunos entornos como enfermos o degenerados. de todas formas a nadie le amarga un dulce, ni unas botas y, siendo conscientes de eso, podemos disfrutar de unos boteros sabiendo que no le harás el juego al capitalismo comprando esa ginebra o ese vodka.