pasar todo el día con los grilletes no es fácil, especialmente cuando no los llevas 24/7. cada vez que te los pones tiene que haber un reajuste, una especie de adaptación porque tu movilidad se reduce y no es algo a lo que normalmente estés acostumbrado. cosas que te parecen normales se vuelven difíciles, como fregar, escribir en el ordenador, especialmente si usas las teclas de atajo del teclado, o incluso limpiarte después de ir al baño. tu mundo de acción queda limitado al tamaño de la cadena que une los grilletes y, en la mayoría de las situaciones, las dos manos se convierten en una, porque no puedes usarlas las dos a la vez debido a la distancia a la que está todo. pero precisamente de eso se trata, de que no puedas hacer todo lo que quieras como quisieras hacerlo. las cadenas te limitan físicamente, y de esta manera, también te limitan psicológica y mentalmente. y esa limitación es la esclavitud, es la sumisión que siempre has buscado y que siempre necesitas. hoy el objeto ha pasado el día con los grilletes puestos y eso le ha llevado a un estado de profunda paz y tranquilidad. cada vez son más frecuentes estos estado y cada vez es más evidente para el objeto que es algo que viene de mi Señor y de cómo trata a su objeto, de como lo ha entrenado y de como lo mantiene en la existencia.
sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.