al Amo le encantaba verlo así. su esclavo en el potro completamente inmovilizado con anchas correas de cuero. desnudo salvo por la jaula chorreando en sudor. solo gemía porque una enorme bola estaba en su boca y se había asegurado de cerrarla bien apretada. lo miraba y esa mirada suplicante le excitaba enormemente, sobre todo cuando sus lágrimas se confundían con sus gotas chorreantes de sudor. por su lenguaje corporal supo que los azotes lo habían roto. ahora estaba mentalmente destrozado, sin barreras, ni defensas. iba a disfrutar mucho follándoselo.