-¿Por qué lloras?- dijo el Amo mientras descargaba otro golpe de látigo -¿Acaso no fue esto lo que pediste? ¿No era esto lo que me suplicaste una y otra vez? el esclavo lloraba, colgado de las manos, intentando esquivar los golpes. intentaba hablar pero una mordaza le llenaba la boca hasta el punto de hacerle daño en la mandíbula y que solo le permitiera emitir gruñidos. -¿No querías esto?- otro azote- Llora si quieres pero te prometí que te daría lo que me pidieses. Ahora tengo que cumplir mi palabra.- y un nuevo golpe le hizo estremecer. lo que no podía decir por la mordaza es que sí, que eso era lo que quería y que su polla dura como una piedra era una prueba de ello.