el objeto trabajó desde casa en un montón de cosas pequeñas, de detalles que lo dejan con la sensación de no haber hecho prácticamente nada. es un sensación un poco agobiante porque estás pegado toda la mañana pero parece que no progresas y te quitas cosas de encima. el consuelo ha sido que dentro de quince días el objeto estará bajo las botas de mi Señor. por fin después de una larga espera el objeto estará ahí, a su servicio. a medida que pasa el tiempo y el objeto profundiza en la sumisión y tras experiencias como la del veinte de febrero le hace cada vez más duro estar en el mundo de los humanos, relacionarse con ellos, trabajar con ellos, convivir con ellos. el objeto se ve obligado a tomar microdecisiones y aguantar interacciones sociales que no solo no le aportan nada sino que le quitan muchísima energía y dan pie a que el ego entre y haga de las suyas. afortunadamente mi Señor está pendiente, controlando al objeto y manteniéndolo sometido y controlado.

sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.