ayer mi Señor inició una práctica que es sumamente controladora: un blog de todo lo que hace el objeto. cada movimiento que hace debe dejarlo anotado en un grupo de signal al que solo tienen acceso el objeto y mi Señor. es un micromanagement en toda su expresión, en toda su manifestación: desde ir al baño a comer o trabajar, poniendo en qué trabajo. mi Señor quiere estar informado de todo, en todo momento porque aunque no lo vea, en el momento en que lo escribe el objeto, puede hacer un seguimiento de todo lo que ha hecho. al objeto le costará entrar en la dinámica, no porque no quiera, algo ya inimaginable para el objeto, sino porque es algo nuevo y lo nuevo cuesta entrar pero sin duda es otro barrote nuevo a la jaula que encierra la mente del objeto. porque no es una función informativa la que guía a mi Señor, o eso intuye el objeto, sino que es una forma de obligar al objeto de estar centrado en Él, incluso cuando va al baño o está trabajando.

hoy un lector del diario ha advertido al objeto de un error en los boletines que el objeto envía. lo ha solucionado y ha vuelto a enviar la fecha correcta. la verdad es que agradece que un lector le indique un error, primero porque estos deben ser reparados y luego porque así el objeto siente que su tarea no es tan solitaria. los lectores del blog no suelen dejar comentarios y el objeto lo comprende. es un tema muy específico y delicado y a menudo no hay nada que decir. cuando ocurre como hoy, el objeto se da cuenta que efectivamente hay lectores que leen las publicaciones, y con interés.

sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.