"No te preocupes", dijo el hombre,"Cuando acabemos contigo no recordarás ni como te llamas". aquellas palabras solo sirvieron para renovar sus esfuerzos por liberarse. todo inútil. las correas de cuero eran demasiado fuertes, la mordaza estaba demasiado apretada. ni siquiera podía mirar fijamente al hombre porque su cabeza estaba sujeta a la camilla. sin embargo pudo ver claramente cuando acercaron el casco que cubría toda su cabeza. cuando lo encendieron un ruido blanco inundó sus oídos y unas luces muy fuertes brillaron ante sus ojos. entonces comenzó a gritar con todas sus fuerzas pero solo emitía gruñidos que no traspasaban las anchas paredes de aquel sótano