las paredes eran gruesas y estaban insonorizadas, de eso estaba seguro. sus gritos no los oiría nadie. no había ventanas pero el aire se renovaba por una rendija y siempre hacía una temperatura agradable, ni frío ni calor. podría vivir allí sin problemas, salvo por el silencio absoluto y por el hecho de que las cadenas apenas le permitían subir las manos por encima de la cintura. comer se había convertido en todo un problema, sobre todo porque no había visto ni hablado con nadie desde que se despertó allí.