existe en todo inferior una tendencia innata a huir. es una cuestión de supervivencia: ante el peligro enfrentarse o escapar, y no hay duda de que un Dominante representa un peligro. ante Él corres el riesgo de perderte, de diluirte y desde luego de cambiar, algo que el ego no quiere que hagas. no puedes permanecer impasible ante un Dominante, no puedes ser el mismo después de encontrarte con Él. solo tienes dos opciones: o te enfrentas y te sometes o huyes. mucho eligen la segunda opción pero esos siempre vuelven, porque no pueden huir de su propia naturaleza, no pueden escapar de ellos mismos. su infelicidad hace que vuelvan una y otra vez a ponerse de rodillas. los otros se enfrentan a su realidad, no en oposición, no para vencer al Dominante, algo imposible, sino para enfrentarse con su ego y vencerlo. entonces llega la auténtica liberación, que en nuestro caso está marcada por las cadenas, la obediencia y la sumisión.
