un inferior necesita menos de lo que el propio inferior cree necesitar. estamos llenos y cubiertos de cosas superfluas y que no necesitamos realmente: objetos que el capitalismo consumista nos pone delante y nos dice que no podemos vivir sin ellos. a pesar de esa falta de necesidad podría parecer que el bdsm se basa precisamente en lo contrario, en un consumo alocado de fetiches, en una acumulación sin sentido: cada vez más latex, cada vez más botas, cada vez más cuero. y en cierto sentido tiene razón, pero la esclavitud voluntaria, al menos para el inferior, también es un proceso de abandono de cosas pero no solo materiales. abandona su capacidad de elegir, su voluntad, su criterio, sus decisiones y, en los caso más extremos, abandona su propia identidad, aquello que le han dicho desde pequeño que es, que se supone que es, y que no es sino otra vez máscara para ocultar su realidad. por eso la figura del gimp está creciendo y cada vez es más popular en entornos bdsm, porque es la conclusión lógica de los mismos, de los inferiores que llevan a sus últimas consecuencias la esclavitud voluntaria.