cada vez que venía al pueblo dejaba su caballo a su cargo. el vaquero era muy exigente. debía alimentarlo, cepillarlo y cuidar los herrajes mientras él estaba en la cantina. cuando volvía si estaba satisfecho se lo follaba después de darle los 20 centavos. la parte que más le gustaba era cuando le ponía la soga alrededor del cuello y apretaba hasta que estaba a punto de desmayarse. era entonces cuando los dos se corrían, el vaquero en su culo y él sobre el heno sin tocarse.