no ha sido intencionado realmente, sino algo que se va gestando poco a poco y que de pronto coge forma y entonces nos fastidia y nos aleja de nuestro objeto, de nuestra meta. convivir con humanos, con personas que se dejan llevar por el ego, hace que, sin darnos cuenta, nuestro propio ego haga de las suyas y aparezca. por eso el entrenamiento no termina nunca, y por eso las prácticas ha de ser constante y permanente. esos pequeños rituales que hacemos, nos centran y son como el ir al gimnasio del bdsm. porque una vida disciplinada es una vida ordenada donde el ego tiene poca cabida, o le cuesta más entrar. los mensajes, las pequeñas rutinas, todo ayuda a mantener el ego fuera. por eso es tan útil la castidad, porque es un recordatorio permanente de qué eres y a quien perteneces. cada erección controlada, cada deseo reprimido por la jaula ayuda a centrarte y a ahuyentar al ego, que sale despavorido porque su mayor herramienta de control es el deseo y, en este caso, se encuentra desarmado.

sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.