por alguna razón que el objeto no llega a comprender del todo, a muchos amantes del bdsm no nos gustan excesivamente los lujos. tal vez sea por esa idea de la austeridad y de la ausencia de excesos, de ir a lo central y ser casi ascetas en todo menos en el bdsm. por eso los sótanos, los lugares industriales, las paredes de hormigón desnuda parecen como si fueran nuestro lugares ideales. influye sin duda que sea en esos sitios, aislados del ruido, donde deban darse los gemidos de placer y los gritos de dolor, las súplicas y las gratitudes. y todo debe darse fuera de los oídos de los no iniciados, de aquellos que nos juzgan sin conocernos. el aislamiento exterior debe acompañar al aislamiento interior, a aquella vida disciplinada que rechaza cualquier cosa que no sea la dura vida de Dominación y sumisión. nuestra vida no es fácil, en absoluto, y por eso