era el macarra del barrio. todas las tías estaban locas por él, y hacían lo que fuera para que se acostara con ellas. sin embargo siempre acababan en su sótano. primero le pegaba dos bofetadas y le obligaba a arrodillarse y lamerle las botas. luego le ataba al banco donde hacía pesas y dejaba su culo al aire. le penetraba sin compasión mientras gemía de placer. cuando se corría varias veces le metía un buttplug para impedir que se cerraba el culo. así pasaba varias horas, gimiendo. por eso, cuando lo veía por el barrio haciéndose el duro no podía evitar sonreir.