la cultura de los bares está desapareciendo, esa cultura de encontrarse física y personalmente, de acudir al cuarto oscuro y que ocurran cosas. las redes sociales y las apps de citas la están matando. no quiere el objeto decir que unos sean mejor que las otras pero hay un sentido que se está perdiendo: un esclavo públicamente mostrado y expuesto, atado y vendado sin poder ver quien lo usa. ese es el antiguo hacer de los cuartos oscuros, mazmorras temporales que servían para vivir intensamente la sumisión, el dolor y el placer. allí los cuerpo se ponían a prueba, se tensaban y forzaban al límite. ahora eso ocurre en los sótanos y las mazmorras particulares, privadas. no es una mejor que otra, solo diferentes. nuevos espacios para nuevos tiempos.
