la caída del caballo lo dejó aturdido, desorientado. apenas tuvo tiempo de ver el lazo que lo derribó. aún estaba en ese estado cuando llegaron hasta él. rápidamente le dieron la vuelta y empezaron a atarle las manos a la espalda con cuerdas antes de que pudiera reaccionar. mientras uno hacía esto otro le ataba las botas con más cuerdas. lo siguiente fue una mordaz en la boca. entre los dos lo levantaron y lo pusieron boca abajo sobre el caballo, como si fuera un fardo.