el objeto ha dormido mal, muy muy mal. cuando se despertó era como si no hubiera dormido. le dolía la cabeza y estaba agotado. pasó la mañana trabajando. pudo terminar algo que tenía trabado desde hace tiempo. antes de enviarlo se lo mandó a mi Señor para que le diera el visto bueno y le agradó así que lo entregó. tardó gran parte de la mañana en hacerlo así que cuando terminó y mi Señor dio el visto bueno ya casi era mediodía.

por la tarde el objeto durmió una pequeña siesta porque no podía seguir con dolor de cabeza. luego estuvo otro poco trabajando. fue un día muy normal y cotidiano salvo por una cosa, la constante y permanente presencia de mi Señor que no ha parado de enviar mensajes preguntando como estaba su objeto. 

hoy ha pasado otra cosa que es clarificadora de la naturaleza de la sumisión del objeto. esto tenía que tomar una decisión sobre una cuestión laboral, y estaba completamente bloqueado, sin saber qué hacer, hasta que lo puso bajo las botas de mi Señor. con un par de preguntas se hizo una idea de la situación y tomó la decisión por el objeto. en cuanto lo hizo todo pereció adquirir sentido y encajó. para el objeto fue una prueba más de que es incapaz de tomar decisiones acertadas. cuando las toma mi Señor todo parece fácil, lógico y coherente. cuando lo hace el objeto nada parece ir bien. no hay mayor prueba de que es el objeto quien necesita a mi Señor y no a la inversa.

sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.