a veces uno tiene ciertos momentos de "iluminación", de caer en la cuenta de cosas que a veces incluso han estado ahí durante mucho tiempo, pero que en un momento dado encajan y aportan algo que estaba presionando pero que no había entrado en la conciencia. el objeto se despertó esta mañana con un intento de erección matutina que la jaula se encargó de controlar, pero fue suficiente para que esto se diera cuenta de que hoy sería un día diferente. después de dar el saludo de rigor al Dueño y de desayunar, esto se puso a trabajar en el ordenador y entonces el Dueño le dijo que hoy iba a estrenar el collar y las muñequeras que había comprado el lunes pasado y por las que había merecido un castigo. esto obedeció, pero de pronto el Dueño dijo que el objeto tenía que ponerse la capucha, no la ciega sino con la que podía ver y que además tendría que llevarla toda la mañana. al objeto le sorprendió mucho pero, por supuesto, obedeció. y al ponérsela tuvo ese momento. el Dueño ya le había dicho que estaba dándole vueltas a tener al objeto encapuchado el mayor tiempo posible, un paso más hacia la objetificación, pero esto pensaba que era algo coyuntural. hoy, al ponérsela, le inundó un profundo sentimiento de paz y tranquilidad, como la primera vez que se puso la jaula, o que lo ataron. entonces lo supo. esto sería definitivo, igual que llevar botas, llevar la jaula, estar en silencio.... esto es un objeto y no tiene derecho a sexo, ni a hablar, ni a pensar, ni a vestirse como le parezca, pero tampoco a tener rostro ni nombre. no es humano y por lo tanto el látex, el cuero o un simple trozo de tela debe ser su rostro.
sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.