al perro le gusta pensar que formamos una tribu, una comunidad, separados por kilómetros de distancia, por idiomas diferentes, por costumbres y modos de vida distintos, pero que tenemos en común nuestro deseo de vivir sometidos y sometiendo, mandando y obedeciendo, conformando un estilo de afrontar las relaciones. el perro se siente vinculado con todos los esclavos que desean vivir su esclavitud de una forma honrosa y honrada, sintiendo profundamente lo que hacen y sienten y sabiendo que este camino es el único posible. en otros momentos de la historia muchos de estos sentimientos y deseos habrían acabado frustrados, precisamente por la soledad de creer que eres el único. sin embargo hoy podemos comunicarnos, podemos poner en marcha grupos y comunidades donde intercambiar proyectos y eso hace que podamos vivir mejor nuestra naturaleza. casi no importa donde estemos porque podemos comprobar que no somos los únicos que deseamos vivir bajo las botas de nuestros Amos.