enseñar a un esclavo a obedecer puede ser un proceso costoso, no sólo porque hay que enseñarle lo que debe hacer sino que además debe desaprender lo que no debe hacer y lo que ha aprendido en todos sus años de socialización. tal vez lo más difícil de esto sea el silencio, la voz, la palabra. acostumbrados como estamos a contestar todas las preguntas, a veces sin esperar que terminen de hacerla, o a interrumpir a nuestros interlocutores con nuestra intervención prematura, el silencio es un bien muy escaso al que pocos esclavos estamos acostumbrados. aprender a callar se vuelve entonces casi tan importante como decir las palabras adecuadas en el momento oportuno.
lo mismo se puede decir de la visión, acostumbrados a consumir imágenes, casi de forma compulsiva. la foto del día de hoy viene a cuento de todo esto. mantener al esclavo amordazado y sin visión ayuda a cambiar esos malos hábitos, esas malas costumbres y usos y conseguir así que el sumiso vaya aprendiendo unos nuevos, nuevas dinámicas donde el silencio prima sobre la palabra y sólo ve por los ojos del Amo.
