el rostro refleja lo que eres. dicen incluso que es el reflejo del alma, porque expresa tu interior. los rostros reflejan las emociones, lo sentimientos. muestran si estás pensando o si estás despistado o triste. indican si estás interesado, aburrido o apesadumbrado. todo esto en un esclavo se vuelve relativo, porque no es nada sin su Amo, sin su Dueño. El es su referencia, su motivación, su horizonte. el esclavo tiene que ver por sus ojos, hablar con sus palabras, o mejor dicho, no hablar, porque ya habla el Amo por él. los sonidos que le llegan solo deben ser las órdenes de su Dueño. nada hay fuera de la esclavitud para un esclavo. trabajo, relaciones, amistades, pensamientos, acciones.... todo debe pasar por el Amo, por el Señor, por su Dueño. como una prenda alrededor de su Señor, como una extensión de su voluntad, el esclavo no es más que el brazo ejecutor de las órdenes de su Amo, a quien le debe obediencia, sumisión, entrega. un esclavo le debe a su Amo todo, porque El lo salvó de vivir perdido, sin rumbo y sin destino. El lo orientó, le enseñó el camino y lo adiestró para que fuera fuerte, obediente y sumiso. el esclavo sólo tiene un rostro, el rostro de su Dueño.
