no eres nada, absolutamente nada. eres un esclavo, una propiedad, un objeto. no tienes voz, no puedes ver, no pueder moverte. ni siquiera puedes girar la cabeza. estás inmóvil, y no por propia voluntad. solo te queda esperar a tu Señor, a tu Dueño, a que El venga a liberarte de tí mismo, de las ataduras que El te ha impuesto y que te liberan de otras que te impuso la sociedad.