el bar estaba lleno de tíos musculosos mostrando toda la parafernalia bdsm posible. no supo por qué se fijó en un tipo normal, atractivo pero sin nada de particular. El lo miro y le sonrió. la conversación fue de lo más prosaica. sin embargo cuando estuvieron solos, al primer "¡De rodillas, perro!", algo se rompió dentro de él y supo que había llegado a casa.