salvo la boca, ni un centímetro de este esclavo está al exterior. su cara ha desaparecio, sus manos no tienen huellas dactilares, ningún lunar, ni color del pelo, ningún rasgo físico es reconocible. podría ser este perro o cualquier otra persona de los 6000 millones que poblamos el planeta. no sabríamos decir quien es, no podríamos decir quien es, no es nadie. su identidad ha desaparecido, no está, es inalcanzable. todo aquello que lo constituía como ciudadano, hijo, compañero de trabajo, amante, pareja..... todo ha desaparecido. de lo que no hay duda es de que es un esclavo, las muñequeras y tobilleras lo delatan, porque sólo se llevan para ser usadas, para ser atado. además la capucha no tiene ojos, no necesita vez, es guíado por su Amo. está en el suelo, esperando a que lo usen, a que lo cojan para el placer y el gusto de su Señor. así es la vida de un esclavo: esperando a que su Dueño decida, o le apetezca, utilizarlo para su placer. y por último, que no menos importante, el collar, que dice que tiene Dueño, que es propiedad de alguien, que no tiene autonomía ni voluntad, que no puede ir a donde quiera sino a donde le ordenen, que se ha sometido hasta convertirse en un perro sin rostro.