en la antigüedad los esclavos eran propiedades, y como tales, era equiparables a objetos o a animales domésticos. matarlos no era un delito, se podían vender y su valor dependía de sus habilidades y capacidades. en el bdsm actual esta experiencia puede rememorarse y repetirse, especialmente con el bondage. atar de pies y manos a un esclavo, ponerle una mordaza y una capucha, es limitarlo a su mínima expresión, anular todo aquello que lo convierte en una persona, eliminar su capacidad de movimientos, de expresión, de elección. todo eso desaparece. se convierte en un objeto.