no es por las ropas de cuero, ni por la capucha. tampoco es por el collar que tiene cerrado al cuello con un candado. es por la actitud personal, por lo que dice su cuerpo. es por como pone las manos inertes delante suya, y por como dobla los brazos, pero también por como inclina la cabeza hacia un lado, como si no supiera de dónde va a venir lo siguiente.
el estar de rodillas, justo delante de su instrumento de tortura muestra una voluntad rota, dominada. este esclavo se ha rendido a su suerte, ha aceptado su destino y su situación. sé que a muchos les resultará increíble, pero es esa sensación la que busca este perro, sentirse así, como se siente este esclavo.
