la segunda parte de la de ayer. nuevamente el mismo esclavo, la misma situación, otra perspectiva. muchas de nuestras no-vidas no son sino huídas hacia delante, ir corriendo sin pararse para no tener que afrontar situaciones, problemas, complejos, imperfecciones, juicios contra nosotros mismos…. el bondage evita eso, obliga a pararte, y si es prolongado, el efecto es mayor. muchos esclavos en situaciones parecidas, al informado de estados alterados de conciencia. en nuestro último encuentro, ya lo he comentado en otro post, mi AMO me tuvo encerrado atado durante tres horas. no lo recuerdo bien porque el tiempo perdió sentido. para mi no había pasado tanto tiempo. estuve atado, amordazado y con los ojos vendados en un espacio que no me permitía estirarme. parece horrible pero es una de las experiencias más intensas y fantásticas que he tenido nunca. por eso sueño cómo sería estar en lugar del de la foto. me encantaría hacerlo, estar así mucho tiempo ¿cuánto? no lo sé, el que mi AMO pensara que sería el correcto.
una vez, hablando seriamente con mi AMO sobre las condiciones y requisitos necesarios para dar el gran salto, dijo algo que me impresionó y me excitó a partes iguales. de darlo era necesario, decía EL, un período de adaptación que Él establecía en tres meses. durante ese tiempo viviría encerrado en la mazmorra (léase habitación, habitáculo o algo similiar), sin ver a nadie salvo a EL, siendo adiestrado, adoctrinado y amaestrado. durante ese tiempo EL rompería mi voluntad, de forma que cuando saliera, no podría irme de su lado porque no querría hacerlo. aún escribiéndolo me excito porque siento que esto toca algo muy profundo en mi. le dije a ÉL entonces, y lo recalco públicamente ahora, que estaría dispuesto, y es más, deseoso, de hacerlo. no habría lugar para la rebelión, ni para la marcha atrás, ni para la reconsideración: una vez dado el gran salto no hay posibilidad de regreso. si en algún momento le suplicase que me había equivocado y que aquello no era para mi, EL me mantendría encerrado hasta que llegara a suplicarle que no me dejara marchar. el cambio de una situación a otra corría de su mano.