ya he hablado otras veces de las capuchas como elementos de deshumanización, de despersonalización. en la medida en que cubren el rostro impiden ser reconocidos, impiden que seamos quienes somos. esto le permite al amo convertirnos en lo que El quiere que seamos, sencillamente.

si además se combina con el bondage, no sólo se limita la identidad, sino también la movilidad. ya no somos lo que somos ni podemos hacer lo que queremos. estamos doblemente limitados, doblemente reducidos, doblemente sometidos.


